23 febrero 2006

Pedir

Pedir serenidad es pedir todo. Si, como se dice, “la pereza es la madre de todos los vicios”, la serenidad, hermana de la pereza (tan parecidas, tan distintas), habrá de ser la madre de las virtudes.
Es que no se es justo en la precipitación, en el juicio irreflexivo; no se es templado en el trajín irrefrenable, en la decisión no reposada; no se es prudente sin valorar las cosas desde la calma interior; no se es fuerte sin medir, en calma, los embates de la vida.
Casi quisiera corregirlo a Aristóteles. No es la justicia, es la serenidad ese lucero mas brillante que todas las estrellas. La virtud que presupone las demás.
Serenidad
Serenidad, seamos siempre buenos
amigos. Caminemos reposada-
mente. La frente siempre sosegada
y siempre sosegada el alma. Menos

mal que bebí de tus venenos,
inquietud, y no me supiste a nada.
El aire se serena, remansada
música suena de acordes serenos.

No moverán la hoja sostenida
con mis dedos, a contra firmamento
en medio del camino de mi vida.

Vísteme de hermosura el pensamiento,
serenidad, perennemente unida
al árbol de mi vida a contra viento.

Blas de Otero
Pedir serenidad es pedir todo. Es pedir la brújula fiel en el camino de la santidad.